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Posted by : Isabel Simón miércoles, 4 de junio de 2014




La Fribromialgia fue reconocida por la Organización Mundial de la Salud como enfermedad en 1999. 

Su principal síntoma es la localización de dolor en múltiples puntos del cuerpo y fatiga crónica. 



Sin embargo, por el momento no se ha encontrado una prueba analítica objetiva que permita evaluar la situación de la
enfermedad o su existencia.

Este es el principal motivo por el que los afectados por FM, en ocasiones, padecen un peregrinar por distintos especialistas hasta que les es diagnosticada su dolencia. 

La incompresión social y asistencial, así como las dificultades para recibir la baja laboral son otras de las consecuencias.

Doctor, me duele todo el cuerpo”.
Esta frase resume la situación en la que se ven sumidas las cerca de 800.000 personas que padecen fibromialgia (FM) en España, una patología crónica cuyo principal síntoma es la localización de dolor en múltiples puntos del cuerpo, además de cansancio generalizado.

Sin embargo, el principal problema al que se han enfrentado las personas aquejadas por esta enfermedad es la“incomprensión” clínica y social derivada del desconocimiento de la misma.

La fibromialgia no ha sido reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud hasta el año 1999 y hasta hace poco no formaba parte de los estudios de Medicina. A esto ha de sumarse una complicación añadida, esta patología posee síntomas comunes con otras alteraciones y su origen es desconocido.

Todo ello provoca que el enfermo tenga que sufrir un periplo de pruebas diagnósticas y visitas a distintos especialistas hasta que recibe el diagnóstico certero, algo que incrementa su inquietud, y los costes sanitarios asociados a la enfermedad.

En  1990, el American College of Rheumatology estableció unos criterios de gran especificidad para la clasificación de la FM, en función de los resultados de un estudio multicéntrico desarrollado entre 558 pacientes de diferentes edades. Así, según los resultados obtenidos destacan dos hallazgos críticos para detectar la enfermedad. El primero de ellos hace referencia al dolor disperso presente en un 98 por ciento de los pacientes con FM que participaron en la investigación en comparación con el 69 por ciento del grupo control. Se entiende como dolor disperso aquel que se localiza en la parte izquierda y derecha del cuerpo, debajo de cintura y en el esqueleto axial.
El segundo de los criterios para el diagnóstico de la enfermedad es la localización del dolor mediante la palpación en 11 de 18 puntos predeterminados de la estructura musculotendinosa.
Así, el 88,4 por ciento de los pacientes que en el citado estudio manifestaron dolor disperso cumplían este requisito. Pero estos no son los únicos síntomas que incapacitan al paciente con FM. A menudo estos vienen acompañados por espasmos musculares, rigidez, sensación de hinchazón mal delimitada en pies y manos y mala calidad del sueño, entre otros. Además, las personas con fibromialgia suelen padecer con mayor frecuencia que las que no sufren esta enfermedad ansiedad, depresión, jaquecas, dolores menstruales, síndrome del colon irritable, sequedad en la boca y trastornos de circulación en las manos y los pies.



Tratamiento

La fibromialgia, por el momento, no posee un tratamiento específico. Sin embargo, la aplicación de una serie de medidas suele tener una repercusión positiva sobre el impacto de la enfermedad en la vida del enfermo.
La primera de ellas hace referencia al diagnóstico de la enfermedad, ya que muchas veces la falta del mismo provoca en el paciente ansiedad. La educación sanitaria juega, asimismo, un papel fundamental, pues permite al paciente evitar los factores agravantes de la patología.

Es habitual también tratar las alteraciones psicológicas asociadas a la misma y aplicar de tratamientos locales, como infiltraciones, masajes, el uso de analgésicos y de medicamentos, que aumentan la respuesta al dolor.

Algunas investigaciones apuntan a que los mecanismos del dolor del paciente con FM tienen un funcionamiento anormal, lo que provoca una mayor percepción del mismo. De ahí que en el tratamiento se incluyan fármacos que aumentan los niveles de serotonina, que actúan como moduladores del sueño y el dolor. Estos medicamentos se emplean en bajas dosis y tardan un tiempo en producir mejoría.

Ante las características de esta patología y su alta prevalencia, el médico de Atención Primaria representa un papel crucial, pues es quien puede detectar la enfermedad y evitar que el paciente tenga que someterse a múltiples pruebas diagnósticas de escasa utilidad para el diagnóstico de la misma. Además, es este profesional sanitario quien puede aconsejar los hábitos adecuados para minimizar su impacto y prescribir el tratamiento oportuno. 
En ocasiones, se requiere la intervención del psiquiatra para evaluar y tratar las patologías psiquiátricas coexistentes con la fibriomialgia.



Costes
Existen pocos estudios que evalúen el impacto económico de la fibromialgia. No obstante, la incapacidad que producen las formas más agresivas de la enfermedad hace prever, según los expertos, que la enfermedad está asociada a unos altos costes indirectos derivados del absentismo laboral, así como a elevados costes directos para los servicios sanitarios.
En esta línea, un estudio desarrollado por investigadores británicos (Psychol Med 2003;33(2):253-61) determina los costes derivados de la atención en el primer nivel asistencial a los pacientes con fatiga crónica y síndrome de fatiga crónica. 
Así, el citado estudio reclutó a los pacientes que presentaban en las consultas de Atención Primaria una inexplicable fatiga crónica y se midió el uso de los servicios asistenciales durante tres meses, así como la pérdida de empleo. Estos datos fueron utilizados para determinar los costes asociados a la enfermedad y se compararon los generados por los enfermos de fatiga crónica con los producidos por los que sufrían síndrome de fatiga crónica.

Según los resultados obtenidos, el coste medio asociado al uso de los servicios asistenciales y a la pérdida de horas laborales por parte de los enfermos con síndrome de fatiga crónica y fatiga crónica fue en los tres meses de estudio de 2.632 euros. De éstos, un 9,3 por ciento se derivaba de los cuidados formales, es decir, de los prestados por los servicios sanitarios a estos enfermos. La utilización de los servicios y el coste medio generado fue mayor para los pacientes con síndrome de fatiga crónica que a los que padecían sólo fatiga crónica (4.858 euros frente a 1.624 euros). El 90 por ciento de los costes evaluados se derivó de los cuidados informales que recibieron los enfermos por parte de sus familiares y amigos y de la pérdida de horas laborales.
Los pacientes con dependencia produjeron costes significativamente mayores que los que no eran dependientes.



Baja laboral

Sin embargo, tal y como explica Javier Paulino, los enfermos de fibromialgia encuentran muchos impedimentos para acceder a una baja laboral transitoria o permanente, a pesar de que su dolencia, en muchas ocasiones, les impide realizar las tareas más cotidianas.

Y es que la falta de aceptación de la enfermedad, los insuficientes instrumentos para su evolución y la ausencia de una prueba palpable que determine la existencia de la enfermedad y su gravedad, tales como radiografías, resonancias magnéticas o biopsias, chocan con la normativa de valoración de la baja.



En este punto, el presidente de la LIRE considera prioritaria la búsqueda de sistemas lo más objetivos posibles que permitan valorar la situación de los enfermos con FM. Entre ellos, propone la aplicación del “Fibromyalgia impact questionarie”, un cuestionario a través del cual se puede valorar la existencia y severidad de la enfermedad.
No obstante, Paulino puntualiza que en los últimos años se ha avanzado en el conocimiento de la enfermedad y, tanto entre los facultativos de Primaria como entre los especialistas existe mayor sensibilidad hacia estos enfermos.
Para este experto, la evolución se debe en buena parte a la importante labor que han desempeñado las asociaciones de pacientes, desde donde se ha luchado por dar a conocer los síntomas de la enfermedad y las herramientas para minimizar su impacto.
“Las asociaciones de pacientes han
ocupado y siguen ocupando un lugar
prioritario en los avances que se están
produciendo sobre la fibromialgia. Por
ello, les animo a seguir desarrollando
esta importante labor en el futuro”,
concluye.]

 Fuente: Gema Reimundez (Economía de la Salud)


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